Categoría: Relatos viajeros

  • Historia de dos ciudades

    Historia de dos ciudades

    Historia de dos ciudades

    Su sonrisa iluminó el salón. El tiempo se detuvo, no sé si un segundo o diez minutos.

    If I can make it here , I can make it anywhere  Me arengué a mí mismo. Acercándome a la barra del bar neoyorquino.

    Mi ocurrencia disparó, y ella sonrío. No sé si asentía o no entendía. Pero aquella sonrisa me dio confianza. Era brasileña estudiando inglés en Nueva York, de Belo Horizonte, y que bello horizonte pensaba. Hablamos de todo y nada. Nos quedamos de ver.

    Pese a que sabía que no podía pagar el ticket, nos encontramos en Broadway. Ella estaba con amigos y querían ver “El rey León”, yo la quería ver a ella. Pero estábamos en Times Squares, con su gente y todo el mundo interrumpiéndonos. Entonces, acusé una excusa. La verdad era debilidad  pensaba ¡ Y que errado que estaba!

    ciudades

    Al día siguiente nos vimos en Guggenheim, al fin solos. Caminamos por sus escaleras blancas impolutas.  Mientras yo miraba de reojo cada movimiento de su fino y hermoso cuerpo. Jugamos Atari, vimos videos, ojeamos comics, y obras sin entender mucho. Nos reímos de nuestra ignorancia, y abrumados de modernismo partimos a un café en el Uppet West, en la 86 street. Esta vez sería ella quien partiría.

    Por la noche quedamos de vernos en un bar en el Lower East Side. Ella llegó tarde. Y luego todo pasó rápido. Apoyado en un pilar pidiendo cerveza, se me acercó con ese semblante irresistible, y nos besamos por primera vez. Sentí pasión, sentí que me quemaba y creí temblar. Luego de ahogarnos en ese delicioso beso. Ella me sonrío, como aquella primera vez. Su sonrisa era como un manantial. Y yo me quería bañar para siempre en ella.

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    Esto fue un viernes, y ese fin de semana fue de los más lindos que viví. Nos devoramos la ciudad, y a nosotros mismos. Me mostró The High Line, y su vista urbana, mientras el viento del atlántico despeinaba sus castaños pelos. Paseamos por el Chelsea Market, donde tomamos un Pinot Noir de Oregon. Caminamos de la mano. Entramos a tanto museo pudimos. Le expliqué mi atracción por la obra de los neo impresionistas. Me gusta la naturaleza, los colores, lo salvaje le expliqué. Mientras contemplabamos un hermoso retrato de Van Gogh, llenos de puntillismo y colores por Toulouse Lautrec.

    Incluso casi fui a la iglesia por ella. La verdad es que hubiera ido, por suerte estaba cerrada.El domingo ya de noche volviendo a su casa la noté rara.

    “No te puedo volver a ver.  Es muy complicado, muy largo. ” Me dijo

    Por supuesto que la pelee, y por supuesto perdí. Pero tampoco tenía sentido. Yo partía el martes. La vuelta al hostal lloré, y maldije la rutina, el trabajo. Quería libertad, debía viajar.

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    Ya en Chile, tuvimos correspondencia. Yo la invité a Chile, ella respondía distante. Nos alejamos.

    El mundial de Brasil me traería después de un año a Belo Horizonte. Pero yo ya estaba unido sentimentalmente a otra persona.

    Nos encontramos en Praça Liberdade. Por una extraña razón no estaba nervioso. Ella seguía alegre y chispeante. Me contó camino en auto, a Pampulha, que gracias a su mejoría en el inglés la habían ascendido. Alabó mi portugués. Belo Horizonte me parecía más grande de lo que pensaba, y ella seguía igual como la imaginaba.

    Ella se notaba tranquila, y sus ojos me parecían más turquesa que nunca.  Como si su Belo Horizonte, le sentará aún mejor. Entramos en el Conjunto Moderno de Pampulha, diseñado por el maravilloso Oscar Niemeyer. Luego caminamos por el borde de La Lagoa, bajo el sonido de los pájaros. El sol empezaba a dar tregua. Y el cielo pasaba de azul a rojo.

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    No le tuve que preguntar ¿Por que? Ella se adelantó: Cuando nos conocimos en Nueva York,  venía de divorciarme y perder un hijo.

    Entendí todo.

    A la vuelta en auto ya sentía paz. Nos despedimos con un abrazo y me dijo que yo sería siempre Nueva York para ella.

    Nunca más la vi, aunque de vez en cuando se me aparece.

  • Lisboa a dedo

    Lisboa a dedo

    Empecé hacer dedo de manera sistemática en Francia. Fue por necesidad, a 40 kilómetros al norte de Montpellier. Recuerdo lo nervios,  el miedo, y las dudas de levantar el dedo y pedirle ayuda al mundo por primera vez. Fueron 40 minutos que la pasé mal, pero cuando paró ese Peugeot 207(imposible olvidarlo) conducido por Arnauld fue  la felicidad. El viajar es vencer miedos, empujar tus límites, crecer, y hacer dedo solo fue de esas pequeñas victorias.

    Luego se transformo en rutina. Los inexistentes accesos a los  pueblitos que viví, me obligaron. En cada aventón reafirmaba bondad, en cada ida a dedo me exponía a ser juzgado, pero la verdad es que te van a juzgar te expongas o no. Esa sensación de libertad mental, y de je m’en fous (me importa un carajo) te da tranquilidad. Al final no hay nada que perder, y eso se trasunta en valentía.

    Por eso cuando escuche a unos Canadienses en el hostal de Coimbra y su plan de hacer dedo hasta Lisboa, me dio esa envidia del viajero snob. Esa que no tiene nada que ver con los hoteles cinco estrellas o la comodidad extrema. Sino con gastar lo mínimo,  y aventurarse lo máximo.  ¿Por qué no? Tenía todo el día para recorrer un tramo de dos horas en auto y no había comprado pasaje aún. Haría dedo.

    Cambio de planes y en vez de ir al terminal, me dirijo a una imprenta a pedir cartón.

    “Buenas tardes señor, tiene un cartón?”  Pregunto.

    Me mira y sonríe genuinamente.

    “Para onde vai?” Me pregunta

    “Lisboa”Replico con ese acento a lo Cristiano Ronaldo.

    dedo

    Me pasa un pedazo de cartón, que el mismo corta con su cuchillo carbonero. Se despide con un boa sorte.

    Hay una diferencia entre hacer dedo con cartón y sin cartón. Sin cartón eres visto como un vagabundo sin destino. Con cartón eres visto como un vagabundo también, pero por lo menos con una parada.

    Vuelvo al hostal a buscar mi mochila. El recepcionista, quien viene de  fumar marihuana en la terraza en su cambio de turno, me dice donde puedo pedir boleia(hacer dedo) Tengo que atravesar toda la ciudad, pasar por la Universidad. Por lo que no pierdo tiempo y comienzo la caminata. El día está soleado.

    Como gran parte de Portugal, Coimbra está llena de cerros y de calles empedradas que dificultan el trayecto hasta mi destino. Sobretodo cuando llevo una mochila con rueditas que me prestó Rafael, mi vecino en el campo del sur de Francia. Es octubre y el otoño no se siente en lo absoluto. Si no fuera por tener que llevar el bolso en los hombros, como saco de papas, estaría disfrutando de lo mejor.

    dedo

    Coimbra es una ciudad universitaria, y los estudiantes van vestidos con túnicas como película de Harry Potter. Además la ciudad entera esta “rayada” con protestas universitarias. Es joven, con ganas de expresarse.

    Por fin llego después de casi una hora a una bencinera cerca de una rotonda que es mi destino. Hay solo dos máquinas y una pequeña tienda de negocios. Me posicionó en una esquina para probar suerte, y apenas saco mi cartón me toca la bocina un auto sedan verde al otro extremo de la bencinera.

    dedo

    “Onde vai ? Me dice riendo.

    “Lisboa” Respondo con la sh portuga.

    “Te puedo  sacar de la ciudad, a una rotonda. Pero no llevar a Lisboa. Tu decides.”

    Me subo sin dudar.

    Se llama Gustavo. Es un estudiante,  en sus veinte y algo, que tiene esa buena onda portuga genuina.

    Rápidamente se da cuenta que no soy local y comenzamos hablar en inglés. Es increíble lo bien que lo hablan la mayoría de los portugueses.

    “Como aprendiste tan buen inglés? ” Pregunto.

    “Viendo Carton Network” Responde medio en broma, medio en verdad.

    Me cuenta que tienen todo subtitulado desde niños. No hay doblajes. Su buen nivel de inglés es una barrera para practicar y mejorar el portugués. Pero con lo bien que habla inglés, es una falta de respeto a la conversación intentar cambiar a portugués.

    dedo

    Ya casi llegando al destino, me dice directo.

    “Normalmente te dejaría un kilometro más allá, en la rotonda. Pero…antes que todo… fumas marihuana?” Me pregunta con una sonrisa maliciosa.

    “No hay caso, cada tribu reconoce a los suyos….” Respondo riendo y preocupado por las consecuencias. Es medio día.

    “¡Vamos a fumar entonces!” Me replica extasiado.

    El entusiasmo de Gustavo es genuino, me lo puedo imaginar contándole a sus amigos que dejo volado a un mochilero chileno. Nos dirigimos a una de estas ciudades satélites modernas. Me recuerda a ciudad empresarial o esos barrios residenciales sin alma de los barrios altos en Chile con edificios uniformes.

    Nos estacionamos en un una calle sin salida, y nos bajamos. Mientras comienza a rolar, y moler la yerba tranquilo.  Me comenta que hasta hace unos pocos años ahí no había nada. Que es una lástima, que empiecen a construir, porque ya es más difícil venir a tomar, fumar y a venir con las meninas. Al parecer no tanto, alrededor  hay un par de condones usados.

    “No le metas tanto, que tengo 200 kilometros de viaje todavía” Le digo un poco preocupado por el entusiasmo de Gustavo.

    Luego de fumar, y fallar encontrarnos en Facebook, Gustavo me indica.

    “Te dejo acá. Ya he dejado a otros viajeros para pedir boleia, y cada vez que he vuelto, no han estado. De todas maneras, pasó en un par de horas. ¿Quieres algo? Voy a ir a mi casa a comer, y luego pasaré por acá” Me pregunta.

    “Agua, y alguna fruta por favor” Le respondo, mientras nos despedimos.

    Estoy al lado del camino.  Me siento sobre mi bolso rojo y con la boca seca comienzo  agitar mi cartón de Lisboa…

  • Vendimias francesas  Pic Saint Loup

    Vendimias francesas Pic Saint Loup

    La mañana está fresca y húmeda, la lluvia de la noche acabó el verano.

    Como la gran mayoría de viñedos, la parcela que vamos a trabajar se encuentra entre Coteaux (colinas) que cubren las parcelas, en este caso de la región de Pic  Saint  Loup.  Mientras pasamos en  el  Kangoo por la cúspide   de una colina el sol    irrumpe abruptamente. Como si nos estuviera esperando, pintando el cielo de distintas tonalidades de morados y naranjos.  Cruzamos miradas con Caro, que me sonríe con sus ojos celestes, que está mañana tienen algo de grises. El amanecer nos alivia el dolor físico que arrastramos.

    vendimias

    A diferencia de otras jornadas, hoy toca recolectar para unos viñateros del Valle de la Loire, del centro norte de Francia. Quienes producto de las heladas han perdido más de la mitad de su producción, lo que lo ha obligado a comprar uvas sureñas de Languedoc, en este caso Syrah y Grenache.

    Al llegar, conocemos a los viñateros. Caro se rie del aspecto rudo de ellos, quienes fuman a las 8 a.m y planifican a los gritos la jornada. Son Anne, una mujer ruidosa y de voz ronca, y Nicolas quien viste de negro completo, incluido un ojo en tinta. Más que productores de vinos naturales, parecen matones, lo que como patrones, funciona.

    Yo por mi cuenta, necesito conseguir otra vendimia, por lo que comienzo probarle a Anne que trabajo bien. Eso significa intensidad, sin importar que la espalda y rodillas me pidan basta. Además un poco de carisma nunca viene mal. Aparentemente le cae en gracia mi acento y mi espíritu aventurero. Espero que me pueda recomendar para seguir la ruta del vino.

    La recolección marcha bien, las uvas están maduras y no tan bajas, lo que mi espalda agradece. Pero por lo que le escucho a Anne, van a llamar más gente para terminar más rápido. El camión tiene que partir hoy mismo para comenzar la vinificación, son más de seis horas de viaje y para productores pequeños, la calidad es todo. No pueden permitirse que comience la oxidación de las uvas.

    Mientras hacemos una pequeña pausa, llega el  segundo grupo. Ahora somos casi 15 personas, una sueca, dos italianos, un polaco, dos alemanes, franceses y un chileno, en total seis nacionalidades. Comienza rápidamente la camaradería que caracteriza la vendimia, y a trabajar.

    Por primera vez me siento en Europa en casi siete meses. No en Occitanía, Cataluña, Castilla, País Vasco, sino que Europa. Y es una revelación.

    Las vendimias de por sí son un trabajo duro, es recoger uvas, estar agachado y estar expuesto al sol. Pero tienen el gran atractivo de no necesitar mayor formación y sin son logé et nourri (que incluyen comida y alojamiento).  Podrás compartir techo y cocina con los dueños viviendo en comunidad. Para alguien que quiere aprender el oficio del vino compartir con los viñateros, degustar y vivir el proceso de hacer vino es un lujo, y como viajero, compartir con gente de otras partes del mundo, es mi esencia. Enriquecedor tanto profesionalmente, como en lo humano. Estoy en mi salsa.

    Esta convivencia en otros campos laborales no sería posible, como por ejemplo en típicos trabajos de oficina. Donde el ego y estatus  condicionan un ambiente de competencia sobre  cooperación. Aquí no, en la viña casi no hay jerarquías, no hay competencias desleales, solo trabajo en equipo. Porque hasta los jefes se ensucian las manos, algunos ya mayores y sin necesidad financiera de hacerlo. Pero cuando se ama el oficio, eso se transmite, es lo que llaman liderazgo, lo que como trabajadores trasunta en dar lo mejor.

    La llegada del segundo grupo acelera la jornada. Comparto una hilera con un italiano y polaco. Nos comunicamos en “Itañol”, viven  cerca de Roma, y ya me invitaron a su pueblo. Como tantos otros, aprovechan la temporada de vendimias de Francia donde se paga mejor.

    vendimias

    En un par de horas hemos terminado. Nuestros matonezcos jefes están contentos y deciden celebrar invitándonos a un picnic. Mientras van en busca de  comida y bebidas, los demás esperamos a la orilla de la viña  sentados en la tierra, debajo de los árboles. El viento apenas sopla, y disfrutamos un momento de paz y descanso. Es la naturaleza en su estado más dulce.

    Mientras la mayoría descansa, el polaco recorre cada rincón de la parcela olfateando especies. No está loco, la explotación esta cubierta de romero, laurel y tomillo.  Es el sur de Francia, el campo es un jardín. La pareja italiana cantan a dúo canciones de amor mientras los demás los escuchamos cautivados.

    vendimias

    ¿Yo? Contemplo, sucio, echado boca arriba sobre la tierra con una cerveza tibia en mano.  Pero que más da.  Soy un afortunado y agradezco en silencio. Como pocas veces el trabajo no se siente trabajo, no es una obligación, sino un placer.

    Esta es la Europa que más me gusta, la que abre sus puertas, la que es fraterna y universal.

  • Charlas en la frontera de los Pirineos

    Charlas en la frontera de los Pirineos

    Hay un proverbio japonés que dice que cuando viajas en avión el alma llega unas horas después. Y  los “japos”, cultura milenaria, saben.

    Me gusta viajar por tierra, ya sea por bus o tren. La contemplación es gradual, además se logra percibir los cambios geográficos, que en este trayecto incluyen bordear el mediterráneo para luego apreciar como irrumpen los Pirineos en la frontera. Cuando viajas por tierra las fronteras siempre dan algo,  nervio , alegría ,  miedo. Es un poco el temor a lo extraño, a la novedad. Es normal, incluso teniendo todo en orden. Porque cuando cruzas miradas con la policía internacional, es como volver al colegio, al ser interrogado visualmente por algún profesor durante alguna prueba. No hay delito, pero la evaluación da nervios. Francia está tensa, en menos de nueve meses ocurrió El Bataclán en Paris, el loco del camión en Niza y la muerte del padre degollado en el campo. La tensión está latente.

    pirineos

    Estamos en la frontera más al este de España y Francia. El Flixbus con destino a Barcelona en el que viajo paró.

    Entran dos policías franceses implacablemente serios, pidiendo identificación a cada uno de los pasajeros.

    El silencio es de funeral, y uno de los policías comienza hacerles  preguntas a un Mexicano y Dominicano que están sentados al lado mío. Si en lugar de ellos habría estado un par de escandinavos tal vez me las hacían a mi.

    Finalmente bajan a sola una persona, un africano, claro.

    Hace unos meses esto no pasaba, la carretera A9 que une Barcelona con Europa, es una de las más transitadas por los camiones comerciales. Por eso parar cada bus no es lo más práctico. La comunidad europea sin fronteras actualmente es una mentira. Llevamos media hora parados, el que va justo con el tiempo y tiene que tomar un vuelo puede ir a llorar a la iglesia.

    La policía se baja, y el viaje continúa. Los murmullos propios del fin de la tensión comienzan. Hay razones para estar contentos. Ya estamos en España o en Cataluña para los independistas. La fiesta, la comida buena y barata, la playa, la lengua materna, me gusta este viaje en bus.

    pirineos

    Otro de las ventajas de viajar por tierra es la facilidad para iniciar charlas. Al rato, un francés, un chileno un dominicano y un mexicano ya comparten.

    “Hermano, a mi me pidieron la residencia. Por eso no mostré pasaporte. Bueno, hacen su trabajo” Comenta un dominicano de origen africano con respecto a la policía.

    “Yo vi videos que en Chile en las carceles peleas con espadas” Me indica el dominicano mientras saca una botella de Ron de una bolsa de basura negra.

    “Es que somos muy caballeros en Chile” Respondo.

    Nos reímos, hay que reírse de nosotros, de nuestros pueblos.

    “La verdad es que allá tenemos otros problemas, la delincuencia en Sudamérica es dura, pero nos hace tal vez un poco más atentos. Mientras que acá en Europa, uno no sabe quien es el malo, no hay como prevenir. Esto va más allá de países, y fronteras. Esto no tiene cara, es religión” Respondo

    “En fin hermano…y tu mexicano, adonde vas?” Pregunta el francés.

    “Voy a Sevilla de viaje” Afirma el mexicano.

    “Oh que lindo las Andaluzas tío ¿Has ido antes? Morenitas, elegantes, un poco árabes, un poco gitanas. Pero dificiles” El dominicano afirma con esa lujuria caribeña.

    “De donde eres?” Pregunta el extrovertido dominicano al francés , tal vez ayudado por el ron.

    “Del Norte, en la frontera con Alemania. No se si conoces…” Responde

    “Nunca estuve, pero algo sé. Eres de Alsace. Alguna vez fue de alemania, generaciones pasadas hablaban alemán. Incluso los apellidos originarios de tu tierra son más alemanes que franceses y de apariencia son rubios” Afirma el boricua.

    “Exactamente, mi apellido es Pletscher” asienta el francés un poco sorprendido.

    ” Y también producen muy buen vino blanco. Tanto seco como dulce” Agrego.

    El Alsaciano asienta entre con orgullo y sorpresa que dos sudacas sepan tanto de su región.

    “Que opinas de los controles en las fronteras actuales?” Pregunta el dominicano al francés.

    “Es complicado, por un lado está bien. Pero una cosa es el terrorismo, y otra muy distinta la inmigración. El terrorismo hay que eliminarlo. Mientras que la inmigración, eso es imposible. No puedes evitarlo, somos todos parte de lo mismo, y hay que acostumbrarse. Además es el costo de haber querido convertirnos en un imperio”  Responde el franchute con elocuencia, aludiendo a la época en que Europa colonizó el mundo.

    “Totalmente de acuerdo” Dice el dominicano mientras le da la mano al franchute.

    “Si tan solo pusieras en una pieza a personas de distintas nacionalidades, a conversar, como lo estamos haciendo nosotros. Todo sería distinto, la gente le teme a lo que no conoce. Al darse cuenta que no somos tan distintos, que queremos básicamente las mismas cosas y tenemos los mismos motivos, no habría tanta hostilidad” Agrega el francés mientras bebe de la botella de ron del dominicano.

    “Es el caso de estos policías fronterizos. Alguien tiene que hacer ese trabajo, está claro. Ellos no deben vivir lejos, son de la Occitania (sur de Francia), donde la gente tiene fama de racista, sobretodo en el campo. Donde los inmigrantes casi no llegan. Por lo mismo al ver caras más oscuras su predisposición obviamente es distinta” Afirmo interesado.

    “Es difícil, pero al final para mi es un tema de ignorancia y miedo” Finaliza el francés tras un prolongado sorbo de ron.

    La conversación contínua en la superficial complicidad que une a cuatro hombres que se acaban de conocer viajando. Las mujeres y la fiesta.

    El dominicano con media botella bajada domina la conversación.

    “Para mi Barcelona es la ciudad más divertida de Europa, lo tiene todo. Fiesta, playas, cultura, historia, y los alrededores son tanto o más espectaculares. Ya sea al interior que tienes viñedos, o al sur y al Norte que tienes distintos tipos de playas. Además las chicas están buenísimas, je. Tienes para todos los gustos, las locales, y turistas . Es como un buffet” Afirma el dominicano con una sonrisa maliciosa.

    “Yo coincido, me encanta Paris, pero Barcelona tiene algo distinto, es más pequeña, lo que lo hace más amigable, además es mucho más barata” Agrega el francés.

    Comenzamos a llegar a Barcelona, y la ansiedad de llegar se ha transformado en silencio y reflexión. Tiene razón el francés, si tan solo pudiéramos meter a todos los racistas, fanáticos intolerantes en una misma sala, seguro que después de molerse a palos, se darían cuenta que tienen cosas en común, que el odio es inútil. Derribarían prejuicios para darle espacio a la complicidad, y la complicidad es unión, que es la escala inmediata a la amistad.

    Algún día.

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  • Cracovia de Polanski

    Cracovia de Polanski

    Cracovia

    El Pianista (2002) de Roman Polanski nos ha brindado quizás la visión de Polonia que ha calado más profundamente en el imaginario de la generación del 2000. Cracovia y, por alguna razón, el resto de Polonia, ha quedado sepultada bajo esta imagen de ruinas. Pese a la gran importancia de la transmisión de esta memoria histórica, muchas de estas imágenes predisponen a la gente a pensar en Polonia en torno a un escenario de ruinas. Esto no podría estar más alejado de la realidad actual del país.

    Cracovia es una gran testimonio de la complicada relación entre una imagen impuesta por la historia, construida tanto por los hechos históricos como por la industria del cine, y el enfrentamiento del pueblo con su propia historia. Cracovia es una ciudad que a primera vista asombra por su única arquitectura, el contraste entre diferentes estilos arquitectónicos en la plaza y por el gran trabajo de conservación de cada uno de los edificios. Si estás en Europa y quieres viajar por poco dinero, esta ciudad es un gran lugar para empezar. Los alojamientos son muy baratos, y la comida, por fortuna, no tiene nada que ver con la de sus vecinos históricos, Alemania y Rusia.

    cracovia

    Plaza del Mercado de Cracovia

    El polaco común no tiene nada que ver con el estereotipo frío e inhospitalario, adjudicado a toda la gente de la región del mar Báltico. La gente de Cracovia está siempre encantada que gente de todas partes del mundo estén interesadas en su ciudad y les encanta señalar su rivalidad con otras ciudades de Polonia, como Varsovia y Breslavia. La mayoría de la gente a cargo de servicios sabe hablar inglés y, para mi sorpresa, muchas personas también hablan español. Por ejemplo, uno de los guías de turismo hablaba español con acento argentino porque, según él, de este modo, hacía enojar a los turistas españoles.

    cracovia

    Plaza de los Héroes del Ghetto de Cracovia

    Cracovia es una ciudad llena de contrastes. La plaza y el centro de la ciudad están llenos de bulevares, restoranes, iglesias, músicos ambulantes y actividades culturales. Sin embargo, si vas afuera del centro hacia el barrio judío vas a poder encontrar muchas de las locaciones usadas en El Pianista y, más importante, cargadas históricamente por las ocupaciones Nazis y Soviéticas. En esta parte de la ciudad está el muro que tuvo que escalar Roman Polanski cuando niño para escapar de los campos de concentración. Quizás uno de las partes más lúgubres de la ciudad es el memorial de las setenta sillas vacías en Plaza de los Héroes, en memoria a las víctimas de las atrocidades cometidas contra los judíos en la segunda guerra mundial.

    Cracovia, es un lugar que no te debes perder si viajas a Europa. Este es un lugar cargado simbólicamente por la historia de la primera mitad del siglo XX en Europa. Sin embargo, es también una ciudad en la que se puede ver cómo esta historia ha impactado el porvenir de Polonia. La impactante arquitectura de la Plaza del Mercado, el buen sentido del humor y hospitalidad de la gente y la gran comida (¡no olviden probar los Pierogis y el codillo de cerdo!), hacen que Cracovia sea una de las ciudades más interesantes para visitar en Europa.

  • Disonancia en Barcelona

    Disonancia en Barcelona

    No hay nadie en la calle, el Barça se está jugando la liga con el Atletico de Madrid. El que no está en el estadio, está en el bar, y el que no, en su casa.

    Encaro Parallel a la altura de Poble Sec. Tengo que llegar al Parque de la Ciudadela, podría tomar el metro, pero para que ¡Estoy en Barcelona! Google maps me indica que son 35 minutos caminando, en ciudades tan lindas, eso es un placer.

    Me pongo los auriculares, normalmente no lo haría. Me gustar estar con todos los sentidos alerta cuando camino por ciudades que no conozco. Pero es mi cuarto día, y confío en Google maps. Pongo Heroes de David Bowie, necesito vaciarme.  Algunos meditan, unos van a la iglesia, otros pelean, cada cual con sus rituales. Lo que si es necesario, es vaciarse. Los miedos de comenzar un viaje son fantasmas que invaden ¿Valdrá la pena?

    I, I will be king
    And you, you will be queen
    Though nothing will drive them away
    We can be heroes, just for one day
    We can be us, just for one day

    I, I can remember (I remember)
    Standing, by the wall (by the wall)
    And the guns, shot above our heads (over our heads)
    And we kissed, as though nothing could fall (nothing could fall)
    AND THE SHAME WAS ON THE OTHER SIDE
    Oh, we can beat them, forever and ever
    Then we could be heroes, just for one day

    Me emociono… Paso por una tienda de Frankfurts aún en Paralell y me seco las lágrimas. Estoy solo, pero no me siento solo

    ¿Pero que es estar solo? La más absoluta soledad es cuando ni siquiera se puede contar con la compañía propia. Ahí es cuando terminas en matrimonios, puteríos, en el cine buscando algo. El colmo de la soledad es que conduce al gregarismo. ¡Bah! suficiente de Cortázar ¡Que genio!

    Me siento valiente, dicen que viajar no te aporta nada al Curriculum, que es perder el tiempo profesionalmente. Como si la vida se pudiera medir por cargos arbitrarios, por jefaturas o gerencias, como si la validación social estuviera exclusivamente vinculada a ese mundo.

    Por ahora prefiero seguir descubriendo, aprendiendo idiomas, seguir maravillándome con las diferencias de la gente en el mundo, con vivir.

    Me doy cuenta que me pasé. Doblo y encaro al Raval. Me fijo en la otra vereda hay dos Pakis. Se acerca uno.

    “Tío! Tienes mechero?”  pregunta

    “No”  le respondo seco, mientras sigo caminando.

    “Pero no seas así…” Insiste.

    La vereda se hace cada vez más estrecha.

    “De donde eres?” Pregunta.

    “Chile”respondo seco.

    Al segundo me está sacando la billetera del culo.

    Me vuelvo loco, lo persigo.

    “Me está robando, me está robando” Grito a todo pulmón.

    El hijo de puta es mucho más rápido. Abre la billetera y la lanza a la calle mientras se va corriendo con su amigo.

    La recojo y me doy cuenta que lo único que falta son los 10 euros. El carnet y mi tarjeta de debito están.

    Más que rabia, me da vergüenza, me robo un pendejo de no más de 23 años. ¡Como tan weón! Si no hubiera estado escuchando música, no hubiera pasado por esta calle secundaria, pero bueno…Si mi abuelita se hubiera ganado el loto…No puedo lamentarme. No puedo seguir pensando que Europa es igual seguridad, sobre todo en una ciudad tan turística como Barcelona. Uno nunca sabe, bajas la guardia sobrio y en pleno día a media cuadra de la super transitada Paralell y te desvías un poco  y taaa! Te flaitea un Paki.

    “Ni en Chile me roban, la concha de su madre!” les grito a un par de mujeres que se quedaron mirando.

    Estas me miran con pena, como diciendo “Y que quieres que hagamos chaval”

    “Estas bien?” Me pregunta una gordita desde atrás.

    “Me robaron, no…no estoy bien…Les molesta si puedo ir con ustedes? ” Pregunto.

    “Tío, venga, adonde vas?” Interviene su acompañante, un Piqué gordo.

    “Gracias, voy al Parque de la Ciudadella. Son catalanes?” Pregunto.

    “Si, somos de  Tarragona, un pueblo al sur. Te acercamos hasta la Rambla. La verdad, en seis años viviendo acá, nunca había visto algo así”  Responde.

    Atravesamos los laberintos del Raval. Con sus calles estrechas, llenas de inmigrantes, ropa colgada en las ventanas y lenguas orientales. Dejo de estar en Europa por un rato.

    Llegamos a la Rambla, a la altura de Liceu. El partido debió haber terminado, hay mucha más gente, nos despedimos.

    “Gracias, me siento mucho mejor. Gracias en serio…” Les digo.

    “De nada, la billetera, adelante pa`la otra” Me dice el Piqué gordo.

    Continuo con un tranco más seguro y sin auriculares, empiezo a bordear el barrio gótico. Al llegar a vía Laietana, escucho a unos viejos hablar.

    Barcelona

    En Barcelona no se camina, se pasea

    “Yo no tengo problemas que vengan, pero  esto ya parece las Américas hombre.” Se queja.

    “Está lleno de indios” Asevera el otro.

    Estos hablan en Español, ni siquiera son locales, no son catalanes y hablan de intrusos. Porque mejor no la haces corta, y dices que no puedes ver caras más oscuras, viejo racista de mierda.

    Ya entiendo a Mark Twain al final de su vida, como no.

    “A mi edad cuando me presentan a alguien, ya no me importa si es bueno, malo, rico, pobre, judío, negro, blanco, musulmán o cristiano. Me basta con que sea un ser humano, peor cosa no podría ser”

    Llego al Parque de la Ciudadella, todo el mundo está aprovechando el sol. Me demoro un poco y encuentro a los míos. Comparto lo que me pasó, y uno me cuenta que lo asaltaron ya cuatro veces en Barcelona, eso sí, siempre curado. Leve diferencia.

    Me río. Me tomo una Estrella. El sol nos abraza, es un lindo día de picnic. No parece invierno. Aparece un Paki vendiendo Estrellas, le compro una a 1 euro. El equilibrio ha vuelto, estoy en paz con el Universo.

    Aparece el frío, un viento helado da por terminado el picnic.

    Ya de vuelta, es casi de noche, el cielo comienza a pintar la ciudad y cada esquina me impresiona. Los edificios son del tamaño preciso, lo suficientemente altos para que viva gente y haya oficinas, y lo suficientemente bajos para que el sol nos acaricie.

    Empiezo a entender el orgullo catalán, tienen una capital maravillosa, estoy en el corazón del Borne.

    Me acuerdo de Luna, la guía del tour histórico del Free Waking tour Barcelona.

    “A Barcelona la tienen que mirar hacia arriba, los balcones, sus terrazas, su arquitectura, ahí esta la magia. Alcen la cabeza ragazzi“

    Barcelona

    Alzar la cabeza, sal de lo terrenal un poco. Nada malo ocurrió con ese ejercicio, así fue como nos separamos del resto del reino animal sin ir más lejos

    Esa habilidad de hacer lo simple, elegante. La elegancia está demasiado presente.

    Sin darme cuenta tropiezo con la Basílica de Santa María del Mar, es de noche y está abierta. No puedo no pasar.

    Que particular institución que es la Iglesia Católica, que despliegue de poder y riqueza. Todo es gris, pero las luces hacen disonancia con los colores, es  imponente por donde se la mire. Los pilares enormes, altísimos, hacia el cielo, hacia Dios.

    Barcelona

    Tal vez la Basílica más linda que he visitado.

    No hay oro, no es como en Sudamérica. El despliegue de grandeza es diferente, leo que fue construida en el siglo XIV, claro, no es comparable con Sudamérica, esto es gótico.

    Iglesia Católica, por lo menos has tenido buen gusto, te las doy. Ya no creo en ti, pero a través de tus obra me has transmitido paz. Me relajo y pienso.

    Me robo hoy un paki, pero que fácil y rápido la rabia y vergüenza se transformaron en luz. La culpable y solución, Barcelona. Su fineza, orgullo, arte, autenticidad, arquitectura, gente y locura. No puedo deprimirme por 10 euros. Soy un viajero, y esto va seguir pasando, pero tengo que recordar. Hay más gente buena que mala en el mundo, eso es vital. No quiero terminar como esos viejos llenos de odio vociferando en la calle.

    Además, me podrán haber robado 10 euros, pero no lo vivido, no las lágrimas de amor de Heroes, no el llevar ya tres años recorriendo otro camino, no el sentirme valiente, no. Eso no me lo puede quitar nadie.

    “No andas deprimido, andas distraído”

    Como decía el hermoso Facundo Cabral.

    https://www.youtube.com/watch?v=9tCTT-IfReQ