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Vendimia en La Loire

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Me gusta estar con ellos, y asistir de costado a su dura y ferviente felicidad.

Hace diez días llegaba a La LoireAzay le Rideau. Luego de más de 800 kilometros en un día. Incluyendo mudanza, buses regionales, hacer dedo, y buses nocturnos, al fin llegaba a mi segunda vendimia al Pays de Loire, en el centro Norte de Francia.

 

 

 

 

 

 

 

 

El recibimiento fue cálido. Una bretona que conocí en el bus me llevaría en auto a mi destino, a más de 30 kilómetros. Donde sería recibido por  viñas, perales, y manzanos ya tiñéndose de colores por inminente otoño. Ya en la viña me estaría esperando un asado, solo para luego de instalar la carpa y empezar a trabajar con el corazón galopando de alegría. Esa alegría sincera que viene de la libertad y valentía.


 

En 24 horas pasaba de estar  en Corconne, casi en el mediterráneo, a un clima continental en La Loire. El cambio de temperatura fue radical. Pero Quentin, el joven y entusiasta viñatero, me prestaría un segundo saco de dormir y una cama inflable, al ver lo mal preparado que estaba para enfrentar las frías noches. Carpa de Raphael, saco y cama de Quentin, pega por Anne, la verdad que eso es viajar, exponerse.

Todo eso lo recuerdo con cariño. Mañana termina esta segunda vendimia, mientras termino de comer con Rene y Mari en el salón de la vendimia. Mis vecinos de carpa son una pareja de estonianos, que han llegado en bici desde Talin a Azay. Más de 2.800 kilómetros recorridos,  como no me van a inspirar a viajar, a vivir, a querer enamorarme.  Mientras Mari posee esa ambigua belleza de Europa del Este. Fina, pero fiera, segura pero tímida y aventurera pero precavida. René por su lado es una mezcla de culturas, italiano, francés, árabe, y estonio, lleno de sueños, proyectos y sumamente culto. Tras esta parada en Francia irán a Australia para ahorrar plata y volver a Estonia a montar su sauna en medio del bosque. Nos comunicamos en francés, pese a cada uno hablar mejor inglés.

“Mira, estos son los planos. Aquí esta la entrada, los saunas van a estar acá, y aquí hay una fogata” Me indica René con los ojos incendiados de pasión.

“Me gustaría ayudarlos cuando lleguen. Pero sin intereses de plata. Unicamente por el placer de hacer algo bueno” Les digo

“Mon chilien ami, t’es bienvenue” Me dice emocionado.

viajero

Mientras cerramos el salón nos dirigimos a la loma donde están las carpas. La pálida y blanca luz de la luna brilla con vigor, no necesitamos linternas. Nos acomodamos al lado de su carpa y compartimos un poco de marihuana que traje de Barcelona con tacabo.  Me gusta estar al lado de ellos y asistir a su ferviente y cruda felicidad. René trata bien a Mari, sabe que lo tiene todo, al menos todo lo que importa. Sueños, voluntad y compañía.

Vuelvo a mi carpa, no quiero molestarlos más. Pongo Moonlight Mile de los Stones, mientras me saco los zapatos afuera de la carpa, contemplando a un conejo con su hermoso cuerpo centellando a cada salto bajo las estrellas.

“The sound of strangers sending nothing to my mind
Just another mad mad day on the road
I am just living to be lying by your side
But I’m just about a moonlight mile on down the road

Oh I’m sleeping under strange strange skies
Just another mad mad day on the road
My dreams is fading down the railway line
I’m just about a moonlight mile down the road”

La verdad es que ya me duele menos. O por lo menos, es como si el amor ya me doliera en paz.

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